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Jacques Cousteau, convirtiendo la ciencia ficción en realidad



Conshelf

 

Dos años antes del primer paseo espacial de Alexei Leonov, en una época donde la ciencia ficción llenaba las carteleras de los cines con películas como “Viaje al fondo del mar” o “El hombre anfibio”, Jacques Cousteau se encontraba instalando bajo el Mar Rojo una ciudad submarina donde 10 oceanautas vivirían durante un mes y experimentarían con su propio cuerpo los efectos de la presión y la falta de luz natural.

 

Era 1963 cuando el equipo de Cousteau anclaba en el fondo del mar Conshelf II, una serie de instalaciones submarinas cuyo fin era explorar los límites del hombre y ampliar los conocimientos de la vida en el océano. Las instalaciones, que requirieron del trabajo de 25 buceadores, kilómetros de cableado y 2 toneladas de cemento para afianzar la base en el arrecife, consistían en dos laboratorios, el primero a 10 metros de profundidad y con capacidad para 5 personas y el segundo a 30 metros diseñado para estudiar la vida de dos buceadores durante una semana en grandes profundidades.

 

Conshelf II mapa

Situación de los laboratios de Conshelf II  en Sha´aab Rumi, Sudán, con el Calypso en la superficie

 

El laboratorio principal tenía la forma de una estrella de mar, con grandes ventanales, donde se llevaban a cabo reuniones, la vida diaria, reconocimientos médicos y se encontraba el laboratorio de biología… y donde se fumaba sin parar, por cierto, no en vano estamos hablando de los 60... La sala contaba con equipos de teléfono para hablar con el Calypso y con el laboratorio profundo, pantallas de televisión conectadas con el exterior, manómetros para el control de los gases, cocina y un acceso al mar. Otra estructura se utilizó como hangar para dos submarinos. La colonia de Conshelf II recibía suministros de aire, agua, alimentos, energía, y todos los otros elementos esenciales para la vida (hasta peluquería) por un equipo en superficie en el mítico Calypso.


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Oceanautas en Conshelf II

Oceanautas jugando al ajedrez en Conshelf II

 

Conshelf II era la puesta en marcha del experimento lanzado el año anterior, Conshelf I, una instalación llamada “Diógenes” que el equipo de Cousteau situó a 10 metros de profundidad en Marsella donde los oceanautas se sumergían durante periodos de 5 horas diarias durante una semana. Los dos oceanautas eran revisados por equipos médicos y tras el éxito de este primer paso, aprobada la viabilidad del proyecto, se consiguió financiación para la expedición en el Mar Rojo

 


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Esta expedición fue financiada en parte por la industria petroquímica francesa que, junto con Jacques Cousteau, esperaba que Conshelf II fuese el inicio de una serie de instalaciones y colonias submarinas autosuficientes repartidas por todo el mundo> que servirían para explorar, pero también explotar, los recursos submarinos. Los experimentos serían útiles a la industria petroquímica para ver las posibilidades de trabajo de seres humanos a esas profundidades en busca de materias primas… y Cousteau lo utilizó para desarrollar investigaciones sobre la vida marina en un entorno tan privilegiado para ello como fue y sigue siendo el arrecife de Shaab Rumi, en Sudán.

 

Oceanautas

Los oceanautas situaron jaulas a 51 metros para estudiar de cerca a los tiburones

 

Conshelf II nos enseñó que el hombre puede vivir perfectamente en condiciones de altas presiones por largos periodos de tiempo, pero que, a pesar de que tienen la capacidad física y psíquica, los seres humanos no están hechos para existir en un mundo sin sol. De hecho los oceanautas tenían que recibir cada día una sesión de 10 minutos de rayos ultravioletas. 

 

En Conshelf II se desarrollaron técnicas que hoy se utilizan para el entrenamiento de astronautas en condiciones de ingravidez, se estudió exhaustivamente el comportamiento de tiburones, con experimentos en jaulas submarinas situadas a 51 metros de profundidad, y se desarrollaron tecnologías submarinas como los scooters tan populares hoy entre muchos buceadores y que se empezaron a utilizar en esta expedición. En el campo de la biología marina también se dieron importantes pasos ya que se catalogaron decenas de nuevas especies descubiertas por el equipo de oceanautas, muchas de ellas capturadas y llevadas al acuario de Niza, y se desarrollaron muchas investigaciones sobre la fauna del Mar Rojo como en el caso de los peces loro gigantes. Esta expedición supuso un antes y un después en la filmación submarina, consiguiéndose imágenes microscópicas de plancton nunca antes vistas y se llegó a descender y filmar hasta los 300 metros en un submarino, algo que jamás nadie había logrado.

 

Conshelf II

Conshelf III, el fin de la aventura

 

Años más tarde Cousteau se arrepintió públicamente de haber trabajado con la industria petroquímica en este proyecto, más interesada en explotar el fondo marino a cualquier precio que en saber más sobre la vida bajo el mar y su conservación. Aún así, el sueño de Cousteau de repartir estas instalaciones por diferentes océanos para averiguar los límites del ser humano bajo el mar, pero sobre todo para sentar las bases de un enorme proyecto de investigación submarina global para aprender a conservar la vida submarina, se paró en Conshelf II. Aún así, tras el éxito de Conshelf II, en un intento de continuar con la aventura Cousteau con una tercera versión que serviría para seguir comprobando los límites del ser humano bajo el agua. En 1965, cerca de Niza, nació Conshelf III.

 

Oceanautas en Conshelf II 

 

A cien metros de profundidad se situó una sala que albergaba a seis oceanautas que vivieron juntos durante tres semanas, lo que puso el punto y final de la gran aventura de Conshelf. El objetivo de Cousteau de instalar bases submarinas en todos los océanos no se cumplió y a día de hoy solo existe una base submarina “Aquarius”, situada en los Cayos de Florida a 20 metros de profundidad, perteneciente a la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y dedicada al estudio de corales, peces y plantas acuáticas.

Conshelf II hoy

 

 

Hoy es posible visitar los restos de Conshelf II a través de los liveaboards que operan en Sudán, que nos dan la posibilidad de introducirnos en un pedazo de la historia marina a través del hangar, disfrutar de la enorme biodiversidad del Mar Rojo en una de las zonas menos buceadas de la zona e imaginar cómo fue la vida de esos valientes pioneros.

 

World without sun 

cartel de Le mond sans soleil

Cartel de "A world wihout sun"

 

El experimento de Conshelf II fue documentado en la película “World Without Sun” dirigida por el propio Jacques Cousteau y ganadora del Óscar a la mejor película documental que puedes ver íntegra en este vídeo.

 

 

 

La película vio la luz en 1964 y obtuvo críticas abrumadoramente positivas. Aunque el documental fue objeto de algunas quejas por "fingir" material de archivo y por haber grabado algunas escenas en estudio, demostró su innovadora propuesta en el ámbito de la filmación submarina mezclando la realidad y la ciencia ficción, como la utilización de los trajes gris metálico de los oceanautas (incluso el propio nombre de oceanauta recuerda hace referencia a exploradores submarinos de ciencia ficción), el uso de scooters submarinos o las escenas finales del sumergible que llega a los 300 metros de profundidad.

 

 

Jacques Cousteau también demostró valentía utilizando recursos cómicos en un documental como con la entrada en el laboratorio submarino del peluquero Antonio López, con la escena de los ronquidos de los oceanautas o la introducción de un loro, un recurso más de película de piratas que de una película de divulgación científica. Hasta "World without sun" nunca antes se había visto esa calidad de fotografía submarina, con los críticos alabando los destellos brillantes y mágicos de todo tipo de fauna submarina que aparece en la película y las composiciones surrealistas de animales nunca antes vistos en una sala de cine como los crinoideos.

 

Fuentes:

http://www.cousteau.org

http://movies.nytimes.com

http://en.wikipedia.org/

http://rolexblog.blogspot.com.es

 


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Grandes desastres ecológicos marítimos como el sucedido en España con el Prestige en 2002 o el derrame de 2010 de BP en el Golfo de México han demostrado el enorme daño que hacen al ecosistema los vertidos tóxicos masivos. Cuando además hablamos de océanos esa catástrofe no sólo daña a las especies que se encuentran en la zona afectada si no que el vertido es capaz de escaparse de ese área afectando no solo a la fisiología de los seres vivos que habitan ese área si no de un gran número de especies. Estas catástrofes son capaces incluso de repercutir de manera directa en la dinámica poblacional y en la reproducción de animales que no viven en el área donde ha sucedido el vertido.

 

Aunque este tipo de derrames son poco frecuentes y los océanos tienen sus estrategias para paliar nuestros errores, el daño inmediato es irreparable en muchos casos y, como en el del vertido de BP, es posible que haya que esperar incluso décadas para conocer las consecuencias reales de la catástrofe. 

 

Desde que estos derrames ocurren, una de las actividades que más se llevan a cabo por los equipos en defensa del medio ambiente es la recogida periódica de datos acerca de los niveles de contaminación y hacen posible que esa información sirva para que los esfuerzos de limpieza sean dirigidos donde más se necesitan.

 

Pero teniendo en cuenta que el vertido en el Golfo de México fue de 4.400.000 barriles de petróleo y ocupó una superficie tan grande como toda Islandia (prueba la aplicación If it were my home para hacerte una idea de su tamaño) y que a los vertidos marinos les afectan las corrientes, vientos, temperatura del agua... ¿existe alguna manera de controlar eficazmente un vertido de estas características y que puede hacer un daño tan grande a nuestro ecosistema?

 

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Sí, sí se puede. La clave la tienen el doctor Huosheng Hu de la Universidad de Essex y sus peces robotizados. De una manera más lógica, barata y segura que utilizando equipos humanos ha conseguido que los peces creados por él naden en busca de los vertidos, los recorran y envíen información a tierra para que esos datos sean útiles para conseguir unas labores de limpieza más efectivas.

 

Este futurista proyecto fue implantado en Gijón en 2010, donde trabajaron tanto el equipo del doctor Huosheng Hu y sus peces robóticos gracias a una subvención de la Unión Europea de más de tres millones de euros. Estos peces de un metro y medio son capaces de esquivar barcos y comunicarse entre ellos a través de sónar para coordinar así sus esfuerzos con el único fin de ayudarnos a limpiar el agua que hemos ensuciado. Durante meses han estado probando la transmisión de datos de diferentes profundidades y ubicaciones, enviando imágenes tridimensionales para analizar la calidad del agua de Gijón.

 

Robo fish

Adrian Dennis/AFP/Getty Images

 

Los Robo Fish, como se conocen a estos peces robóticos, cuentan con una batería que les proporciona una autonomía de ocho horas y son capaces de volver automáticamente a puerto para recargar y volver al mar a recoger datos.

 

El doctor Hu Huosheng, un extraordinario inventor, explica en este video por qué diseño este proyecto y cómo utiliza la robótica para solucionar problemas medioambientales en todo el mundo gracias a su amor por los peces y el mar… y sus próximos proyectos, la creación de una ballena que haga las veces de nodriza para un mejor conocimiento del océano.



Tiburón duende, un alien en las profundidades del mar



El tiburón duende es una de las especies de tiburón más extrañas que existen. Su descubrimiento no sucedió hasta 1898 principalmente porque vive en aguas profundas, a partir de los 200 metros.

 

Su característica más llamativa es la forma de su cabeza, que cuenta con un prolongado hocico y unas mandíbulas capaces de desplazarse fuera de su boca. Esta característica es de enorme utilidad en aguas tan profundas ya que este tiburón se orienta por electro receptores situados en su cabeza y le sirve para capturar presas como calamares o pulpos antes que ser detectado.

 

Tiburones duendes

Tiburón duende

 

Quizá esta útil particularidad que tanto nos llama la atención haya sido la que le ha llevado a ser la única especie de la familia Mitsukurinidae que ha llegado a nuestros días.

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Este vídeo muestra perfectamente cómo funciona esa curiosa mandíbula y nos ayuda a imaginarnos su estrategia a la hora de ayuda a conseguir alimento en condiciones de cero visibilidad.

 

Ataque de tiburón duende

 

Aunque su hábitat está asociado al mar de Japón, donde fue descubierto, y Australia, también ha sido encontrado en nuestras costas, en Galicia y podría habitar en profundidades de las costas de Sudáfrica y California.

 

La mandíbula protráctil del tiburón duende inevitablemente recuerda al “Alien” de Ridley Scott, y quizá los guionistas de este clásico de la ciencia ficción, Ronald Shusett y Dan O´Bannon se inspiraron en él cuando escribieron la historia. Como ellos mismos reconocieron, cuando trataban de vender el guión a los estudios norteamericanos querían llamar la atención de los productores afirmando que su historia era como la película “Tiburón” de Steven Spielberg "en el espacio”.

 

Poco se sabe del tiburón duende debido a las dificultades de llegar a su hábitat y las pocas especies que han sido recogidas se han debido a su aparición en redes de pesca de profundidad ya muertos o que han sobrevivido pocas horas. Esta especie puede llegar a los 3 metros de longitud y pesar alrededor de los 150 kilos como máximo.

 


 

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