Crónica del viaje de buceo a Malta I parte



Pecio Rozi

En un viaje de buceo casi relámpago es muy difícil hacerte una idea amplia del buceo en un país. Y más si hablamos de un país compuesto por cuatro islas con decenas de barcos hundidos (y con algunos aún por descubrir). Nuestra idea inicial de este viaje a Malta era descubrir cómo es su buceo a través de 6-7 de sus inmersiones más famosas, hablar con buceadores que nos encontrásemos por el camino, instructores, dueños de centros de buceo y ahondar en alguna curiosidad que os contaremos más adelante. Sabíamos, nos lo contó el gran Jordi Mateo, que es un lugar estupendo para iniciarse en el buceo técnico, con muy interesantes pecios entre los 25 y los 100 metros. También habíamos oído hablar de sus inmersiones estrella como el Blue Hole, pero, como 3.000 ojos ven más que 4, preguntamos en nuestro Facebook por experiencias de buceo en Malta. Algunas, como la de Bárbara Chamorro (muchas gracias de nuevo) que pasó en Malta un año y medio, nos sirvieron para conocer Shark Lab, la ONG que dirige Greg Nowell y que inició nuestro viaje en Malta, y otras nos descubrieron centros e inmersiones que desconocíamos.

Nos traemos varios mitos rotos de lo que habíamos oído sobre Malta. El primero, y que incluso los dicen los malteses que aquí trabajan: "en los fondos de Malta no hay vida". Bien, si lo comparamos con el Índico o con el Triángulo de Coral es cierto, no hay la profusión de vida que allí nos podemos encontrar. Pero no hay que olvidar que Malta está en el Mediterráneo, en nuestro esquilmado Mediterráneo. Tener inmersiones con meros, jureles, morenas, sepias, pulpos, antias, fredis, peces trompeta, congrios, calamares, escórporas, brótolas, doncellas, espirógrafos o lenguados y praderas de posidonia no es, para los que buceamos a menudo en el Mediterráneo, poca vida. Si Malta tuviese la profusión de vida de zonas del Índico sería sin duda uno de los mejores lugares del mundo para bucear (y aun así para algunos lo es).

CirquewwaGreg Nowell realizando sus estudios para Sharklab. © Greg Nowell

Segundo mito: "Malta es para todos los niveles". Este es uno de los reclamos de muchos lugares buscando cubrir un abanico lo más amplio posible. Sí es cierto que es un lugar extraordinario para aprender a bucear: aguas claras y tranquilas con bastante fauna y mucha oferta de cursos de iniciación. Sí, Malta es sin duda un lugar perfecto para aprender a bucear. Pero para conocer el buceo en Malta es recomendable al menos la titulación Advanced o 2 estrellas. Malta tiene uno de sus grandes atractivos en los pecios... y están hundidos a partir de los 25 metros. El acceso a otras de las más famosas inmersiones cuenta con paredes que bajan hasta los 40-50 metros y algo de experiencia sí se requiere. Sí, hay inmersiones sencillas y muy recomendables hasta 20 metros de profundidad, pero no verás el buceo de Malta.

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Lo que sí va a sorprender a los que no conozcan el buceo en estas islas es su asombrosa visibilidad, teniendo en cuenta, otra vez, que estamos en medio del Mediterráneo. Habiendo estado en octubre hemos contado con hasta 40 metros de visibilidad en algunas inmersiones. La estupenda visibilidad, junto con buenas temperaturas en el agua y en la superficie durante 9 meses al año, son las grandes bazas de Malta.

Si a todo ello le sumamos los pecios, paredes, el Blue Hole y una rica gastronomía e interesante oferta cultural podemos decir que estamos hablando del mejor destino de buceo del Mediterráneo. Malta es un país que además fomenta el turismo de buceo, que sabe de lo mucho que puede aportar a la economía del país los buceadores y por ello les mima. Así que empecemos por el principio de esta serie de artículos sobre nuestra crónica del viaje.

Azure WindowEl Azure Window de Gozo, la postal más famosa de Malta

El primer día nos recibió la encantadora guía turística Silvia Debono, enciclopedia de Malta, que igual te habla del buceo en pecios como de las primeras civilizaciones que ocuparon las islas, te describe la fábrica de Playmobil de Malta o te desgrana el papel de las distintas industrias en la economía maltesa. Si alguna vez necesitas una guía para tu viaje a Malta no lo dudes, habla con ella. Tras la primera noche en Mellieha (no muy recomendable para conocer Malta, con poco que ofrecer pero con estupenda localización para bucear) preparamos el equipo y a la mañana siguiente directos a conocer a Greg Nowell y Jacqui Hedley de Ocean Mysteries, nuestros primeros anfitriones subacuáticos en Malta.

Aunque le dedicaremos un artículo completo, os adelantamos que fue un auténtico lujo conocer y poder bucear con Greg, experto en tiburones, que está haciendo un trabajo extraordinario en las islas defendiendo elasmobranquios, recorriendo lonjas y colegios explicando la importancia que tiene para todos su defensa. Pero como digo, ya os lo contaremos. En esta primera inmersión tuvimos el enorme placer de contar con Jacqui, una de esas instructoras y guías que se desvive por enseñar, por que aprendas a bucear en cada momento y que acaba cumplir su primer año de apertura de su centro de buceo después de recorrerse más de medio mundo buceando. Tras la entrevista con Greg, nos dirigimos a Ċirkewwa, perfecto lugar después de algo más de un mes sin bucear y que nos sirve para retomar el contacto con el regulador.

Ċirkewwa es un puerto que a un lado tiene los ferries que van a Gozo y Comino (otras dos de las islas que forman Malta) y al otro lo que podríamos denominar un parque submarino, perfectamente acotado. Ċirkewwa tiene estupendos accesos (nótese el “divers” escrito en la calzada que denota su incesante uso por buceadores). En este punto se esconden algunas de las inmersiones más conocidas de Malta, como los pecios P29, Rozi y la inmersión de la Madonna & The Arch. Esta zona es también lugar ideal para cursos de buceo con zonas de diferentes profundidades y fácil acceso.

Cirquewwa, MaltaUno de los accesos al agua en Ċirkewwa

Cuando llegues a Ċirkewwa, antes de ponerte el equipo, permíteme una recomendación. Sube por las escaleras donde termina el espigón y mira al mar (de hecho es lo que hay que hacer siempre que llegas a un punto de buceo). Primero porque relaja, y de esto se trata al fin y al cabo, y segundo porque te permite ver un Mediterráneo muy bello, de cientos de tonos azules y turquesas, seguro muy diferente al que estás acostumbrado. También verás un montón de buceadores y sus locos cacharros en el aparcamiento. Por un momento pensarás que el fondo estará atestado y verás después que, sorprendentemente y gracias a las muchas opciones de esta zona de buceo, te encontrarás prácticamente solo en el agua. Mediados de octubre, 30º en la superficie, 23º en el agua y el sol radiante. No es de extrañar la gran cantidad de buceadores del norte de Europa que pudimos encontrar.

Primera sorpresa: enorme visibilidad, en la misma orilla. La segunda: la pradera de posidonia que iba a cargarse el primero de los mitos que hablábamos... aunque es cierto que la abundancia de posidonia debería acoger bastante más vida de la que nos encontramos. Morenas, fulas, fredis, antias y algún pulpo pero menos profusión de la que cabía esperar. Bajando por la pradera de posidonia hasta los 27 metros, guiados por la paciente Jacqui, llegamos hasta un fondo arenoso conocido como "Old Mans Nose" donde podemos ver una barquita prácticamente desintegrada que guarda una morena. Pero siempre con la mirada puesta en el azul intenso que nos ha acompañado durante este viaje.

Llegados a los 100 bares y de nuevo sobrevolando la pradera de posidonia ponemos rumbo al arrecife no sin antes realizar la visita obligada a la Madonna, una figura de una virgen de unos 90 cm situada en una cueva a 20 metros de profundidad y que marca la subida. 

Estas aguas fueron abordadas por naves etruscas, fenicias, romanas y griegas y si has buceado aquí habrás visto un par de ánforas aposentadas en el fondo... que por supuesto no son auténticas pero dan un bonito toque a la inmersión. La vuelta por el arrecife con la pared a la derecha ofrece muchas oquedades y pequeñas cuevas de donde saldrán a saludar alguna morena y donde antias perezosos acostumbrados a los buceadores ya ni se esconden. Eso sí, sorprende la gran cantidad y tamaño de los gusanos de fuego (Hermodice carunculata) y las medusas huevo frito (Cotylorhiza tuberculata) tanto vivas como muertas que alimentaban a una gran cantidad de peces y que no dejamos de ver en ningún momento.

Morena cirqewwa

Tras la inmersión, con el buen sabor de boca que deja el regulador en la boca pasado un tiempo desde la última vez, llegó una más que grata sorpresa: ¿Queréis venir mañana a una nocturna aquí en Ċirkewwa? Pensáoslo y nos decís ¿Pensadlo? ¿Una nocturna con un experto en rayas y tiburones y una encantadora instructora que tras más de 4.000 inmersiones sale del agua con la misma emoción que los que llevan 10? ¿Qué hay que pensarse?

El día siguiente teníamos planeadas dos inmersiones de las más conocidas en Malta: el pecio Rozi y Anchor Bay. Como teníamos programado, a las 8:30 vino a buscarnos el siempre sonriente Marko Bezzina, encantador instructor y guía que dirige su propio centro de buceo: Bezz Diving. En perfecto castellano pudimos conocer a uno de los pocos malteses que dirige centros de buceo allí y que también ha trabajado en algunos de los mejores destinos del mundo para volver a casa. Con ese acento entre italiano, español internacional e inglés que toman los que han aprendido español en diferentes partes de latinoamérica, nos lleva a su centro, en Mellieha, para hacernos sentir como que ya habíamos estado allí y donde tuvimos la suerte de conocer a españoles que han llegado a la isla buscándose un hueco. David, Alicia, Diego o Dani, que nos acompañaron en las siguientes inmersiones) han hecho amistad con un Marko del que creemos es imposible enemistarse. 

Con David y Dani nos dirigimos de nuevo a Ċirkewwa, a meternos en el Rozi, recordando unas palabras del propio Marko: “no conoces Malta si no visitas al menos uno de sus pecios”. Dentro del agua, después del briefing de Marko, nos sorprendemos con una visibilidad mayor incluso que el día anterior. 40 metros de visibilidad buceando por aguas más que tranquilas, en otro día soleado, nos muestran la silueta del Rozi decenas de metros antes de llegar a él, encajada en un fondo arenoso, creciendo mientras nos acercamos.

Rozi pecio

El Rozi, 40 metros de eslora con 40 metros de visibilidad

Con tiempo de fondo suficiente, nos damos una vuelta por este remolcador de 40 metros de eslora, hundido a un máximo de 36 metros para recreo de buceadores. Para 5 buceadores en este caso. ¿Dónde están las decenas de buceadores que hemos visto en el parking? De nuevo estábamos solos. Por cierto, el Rozi, quiso desmentir también el mantra “en Malta no hay vida”. Un mero que nos recibe cuando llegamos a la proa, jureles atacando un banco de pequeños peces, espirógrafos, morenas, congrios, rascacios, fredis… No hay gran vida, no tiene coral, pero la enorme visibilidad que proporciona el mar permite un buceo de mucha belleza, muy tranquilo que permite apreciar buenos contraluces o azules eléctricos. Y sí, también algo de fauna mediterránea interesante.

Pecio Rozi Malta

Abordando la popa del Rozi entre ataque y ataque de jureles a este banco de pequeños peces

Podríamos pasarnos medio artículo describiendo el buceo en el Rozi, pero este vídeo te va a dejar mucho más claro cómo es bucear en este bello pecio. Así lo vimos nosotros, pero con más vida aún. 

La vuelta por la pradera, subiendo por alguna oquedad y de nuevo por la pradera de posidonia, tan necesaria como comentamos hace un tiempo. Siguiente parada, Anchor Bay o Popeye Village... que formará parte de la segunda parte de esta crónica que podrás continuar la semana que viene.

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