buceo



10 características que compartimos con los delfines



Además de ser mamíferos, los seres humanos y los delfines compartimos muchas características y comportamientos que podrían explicar la relación tan estrecha que mantenemos ambas especies. 

1. Nos gustan los gatos

Todos aquellos que hayan tenido gato saben que no se dejan acariciar por cualquiera y que odian el agua casi tanto como a una aspiradora. ¿Por qué extraña razón los gatos permitirían que un ser húmedo, desconocido y que produce sonidos agudos les acariciase?

2. Inventamos juegos

Frente a las costas de Hawaii se han registrado varios casos de ballenas jorobadas y delfines mulares participando en juegos nada delicados: básicamente la ballena levanta al delfín con su morro y lo tira en su espalda. Nada diferente de lo que pasa entre hermanos mayores y pequeños.

3. No tenemos miedo a pedir ayuda

Este vídeo y el delfín se han hecho mundialmente famosos y muestran una vez más la inteligencia de estos animales, capaces de abordar a unos buceadores para pedirles, por favor, que le quitasen la red que se había enredado en su cuerpo.

4. Somos emprendedores, hacemos cosas

Parafraseando al presidente del Gobierno de España, los delfines hacen uso de la creatividad para ganarse el pan de cada día. Usando su aleta caudal son capaces de levantar el limo del fondo para encerrar a sus presas y comérselas fácilmente.

5. Ayudamos a aquellos que se han perdido

Meterte entre un enorme banco de peces cuando un pez vela está cazando no es una buena idea. No solo son las más rápidos del océano, además van por delante con una espada. Este apneísta estaba perdido en medio de la comida del pez vela cuando un grupo de delfines moteados le rodeó para evitar que fuese ensartado.

6. Ayudamos a otras especies en apuros

Además de a los humanos, los delfines se ofrecen a ayudar a otros mamíferos marinos, como a esta foca que no se decidía por el camino a seguir. 

7. A ambos nos gustan mucho los seres humanos, a los delfines a veces demasiado

Los delfines pueden llegar a ser muy poco delicados a la hora de ligar, casi tanto como los tiburones de puntas blancas

8. Todos cometemos errores

Los delfines en ocasiones pueden llegar a confundir su camino y acabar varados, pero con un poco de ayuda salen adelante

9 Nos gusta salir a dar una vuelta

En el caso del delfín girador o acróbata de hocico largo (Stenella longirostris) hasta 5. No se sabe muy bien por qué algunos delfines realizan acrobacias, pero se cree que saltar por encima de la superficie del agua les permite ver si hay aves sobrevolando bancos de peces, les facilita la desparasitación o lo utilizan para comunicarse. 

10. A todos nos gusta que nos llamen por nuestro propio nombre

Igual que a ti te gusta que cuando se dirigen a ti te llamen por el nombre que te dieron tus padres, los delfines hacen saber a otro miembro del grupo que quiere comunicarse con él imitando el propio silbido o chasquido de ese delfín.


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El Mar Rojo es uno de los destinos de buceo más conocidos de todo el mundo y sus pecios uno de los grandes atractivos. Desde restos de batallas de la II Guerra Mundial a barcos de vapor cargados de corales que llevan más de un siglo bajo el agua, grandes tragedias marítimas con cientos de muertos o polvorines submarinos con toneladas de bombas en su interior, miles son los buceadores que se acercan a bucear en estos pecios del Mar Rojo.

Thistlegorm

SS Thistlegorm

El SS Thistlegorm, imagen cortesía de ©Simon M Brown diveimage

El Thistlegorm era un carguero británico hundido por bombarderos del Tercer Reich el 6 de octubre de 1941. Hoy se encuentra en aguas de Sharm el Sheikh (Egipto) y se ha convertido en uno de los pecios más famosos del mundo por la posibilidad de bucear entre los vehículos que transportaba a la campaña del Norte de África.

Salem Express

Buceo en el Salem Express

El Salem Express. Imagen cortesía de ©Adam Horwood

El Salem Express representa una de las mayores tragedias de la historia del Mar Rojo. Este ferry se hundió en 1991 en Hurghada (Egipto) llevándose al fondo del mar más de 400 vidas y en el barco aún podemos encontrar enseres de los pasajeros que volvían de la peregrinación a La Meca. 

Giannis D

Giannis D

El Giannis D. Imagen cortesía de ©Jordi Benítez www.jordibenitez.com

El Giannis D se ha convertido en un clásico de las rutas del norte del Mar Rojo, especialmente entre los fotógrafos que visitan este pecio tratando de tomar fotografías tan extraordinarias como esta de Jordi Benítez. El Giannis D, recostado sobre el arrecife de Abu Nuhas (Egipto), acoge gran cantidad de fauna, desde delfines a tiburones de arrecife, napoleones o peces loro gigantes

Umbria

Pecio Umbria

El Umbria. Imagen cortesía de ©laleena1

El Umbria es un curioso caso en la historia naval, uno de los pocos navíos enviados al fondo del mar por el propio capitán del barco. El Umbria se encuentra en Port Sudán (Sudán) y es hoy un polvorín convertido en joya submarina. Este pecio guarda más de 5.000 toneladas de bombas en el interior de un casco cargado de coral y vida.

Carnatic

Carnatic

El Carnatic. Imagen de andrzej.czyzyk

El Carnatic es uno de los pecios más antiguos del Mar Rojo tras más de 150 años hundido en el arrecife de Abu Nuhas (Egipto). Este naufragio es conocido también como el "Pecio del vino" por su cargamento de cientos de botellas de vino de Oporto, algunas de ellas aún intactas.

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Numidia

Numidia

El Numidia. Imagen cortesía de ©Kadu Pinheiro

El Numidia era un carguero británico de 137 metros de eslora que se hundió en las Brother Islands en 1901. Hoy se encuentra bellamente decorado con gran cantidad de corales e incluso podemos ver restos de los vagones y materiales de construcción que transportaba a Calcuta cuando sucedió el desastre. 

Rosalie Moller

Rosalie Moller

El Rosalie Moller. Imagen cortesía de ©Simon M Brown diveimage

El Rosalie Moller es otro de esos restos que la II Guerra Mundial dejó en el norte del Mar Rojo. Este carguero, que transportaba carbón, fue hundido por dos bombarderos Henkel He 111 en la misma operación que acabó con el Thistlegorm. Tras el ataque se mantuvo medio siglo desaparecido a más de 50 metros de profundidad.

Kingston

Kingston Mar Rojo

El Kingston. Imagen de David Comas

El Kingston es otro de los "abuelos" del Mar Rojo. Hundido en 1881 cerca del Parque Nacional de Ras Mohammed, sus restos se han convertido en un arrecife de coral lleno de vida.

Yolanda

El Yolanda

El Yolanda. Imagen cortesía de ©Fish.Eye

El Yolanda era un carguero chipriota que hoy da nombre al arrecife contra el que chocó en 1985: Yolanda Reef. Lo más curioso de este pecio es que su carga (lavabos, retretes y bañeras) está desperdigada por el fondo y compone una curiosa estampa. Si buceando hay muchas veces que tienes ganas de ir al lavabo, en esta inmersión lo tienes muy fácil.  

Dunraven

SS Dunraven

El SS Dunraven. Imagen de ©Marc Sentís de BHF Services

El SS Dunraven es otro de esos pecios que llevan más de un siglo bajo aguas del Mar Rojo. Hundido en 1876 en Sharm el Sheikh, su interior nos muestra los motores, engranajes o el eje de transmisión de unos de los primeros barcos que cruzó el Canal de Suez en su camino de Reino Unido a la India.  

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Maniobra de Valsalva modificada



Por Jesús Núñez B3E y “Ex sufrido-mal-compensador”

Guía de Grupo FEDAS 3E, médico y vocal de la sección de buceo sostenible del Centro de Investigaciones y Actividades Subacuáticas de Madrid (CIAShttp://www.ciasdemadrid.com




Maniobra Valsalva


Estas líneas quieren ser un soplo de ánimo y un pequeño homenaje a todos aquellos buzos “durillos de tímpanos,” a los que habitualmente sus oídos no les permite bajar a la velocidad del resto de sus compañeros e incluso se ven obligados a suspender alguna inmersión por el dolor que les provoca la presión del agua sin compensar, con riesgo cierto de rotura timpánica, mareos, desánimo…etc. ¡Ánimo pues! y ahí va mi experiencia.

No os preocupéis, porque no os voy a contar ni la anatomía ni la fisiología de los oídos. A todos os lo han explicado en vuestros cursos y lo podéis ver en multitud de libros y paginas web, además sirve escasamente en nuestro caso.

Hasta hace muy poco he pertenecido al selecto y sufrido grupo de buzos “mal compensadores “. Desde que realicé mi primer curso de buceo hace 10 años, ha sido una especie de maldición que me ha perseguido en prácticamente todas mis inmersiones, llegando a convertirse en una obsesión que si bien no ha podido con mi pasión por el buceo, me ha intranquilizado siempre antes de cada buceada e incluso ha conseguido acortar muchas de ellas por el excesivo consumo de aire que realizaba hasta llegar a los menos 10 m, a partir de los cuales todo me parecía coser y cantar.

La cosa se iniciaba a partir de los menos 3 m y se prolongaba invariablemente hasta el límite de mi resistencia al dolor sobre los menos 7 u 8 m, donde por ese mismo dolor desistía y “aletazo p´arriba” afortunadamente, ya que lo que no conseguía el sentido común por el riesgo de romperme el tímpano, lo conseguía ese dolor lacerante.

Y así una y otra vez, realizando en este corto trayecto 2478 veces (record Guiness) la maniobra del dichoso Valsalva, que además de antiguo seguro que no era buzo. Invariablemente también conseguía siempre compensar el oído derecho, pero el izquierdo, como en la vida misma, siempre protestando y en huelga (que nadie se ofenda porque ha sido una licencia “patética”).

Mis descensos en las inmersiones se producían sistemáticamente por el cabo del ancla y viendo pasar como piedras hacia abajo a la mayoría de mis compañeros, que luego tenían que esperar pacientemente hasta que el buzo “yoyó” conseguía llegar a la cota de los menos 10m, pero con 40 ó 50 atmósferas menos en la botella. El ver a mis compañeros esperando abajo, el estar minutos subiendo y bajando forzando los oídos y el no desprenderme del cabo, me producían una sensación de desasosiego, de impotencia, de culpabilidad, que aumentaba mi estrés, disminuía mi autoestima, “jodía”mi oído y vaciaba mi botella. Sólo en alguna inmersión realizada saliendo desde la costa y en la que tardábamos en ganar profundidad conseguía, por tiempo y lentitud, compensar casi sin esfuerzo.

Hasta tal punto llegó a obsesionarme el tema que acudí a un buen otorrino para consultarle el problema y tras una completa exploración, donde parece que  descubrió que tenía excesivamente desarrollado uno de los huesos del cráneo que estrechaba mi conducto auditivo y comprimía las trompas, concluyó que: PACIENCIA. Me gustara o no, debía aprender a vivir con ello como uno más de mis múltiples defectos, en este caso de fabricación, al ser probablemente una herencia genética.

Como la Paciencia no tiene por qué ser sinónimo de Resignación, me dediqué a escuchar a todo compañero de buceo sobre las diferentes técnicas para compensar y las fui poniendo en práctica y al pié de la letra en cada nueva inmersión que realizaba.

Así, al menos una semana antes de una salida al mar, me dedicaba a entrenar a mis oídos haciendo maniobras de Valsalva a todas horas y en todo momento…en el coche, en el trabajo, en casa, leyendo, viendo la tele…etc; eso sí siempre procurando estar solo, ya que el hecho de pinzarse la nariz y ponerse “colorao” delante de alguien, es decirle de todo menos bonito y puede arruinar desde una gran amistad a un intenso momento amoroso.

Posteriormente, ya en la salida, me limpiaba cuidadosamente la nariz antes de subir al barco y después ya en el agua volvía a repetirlo sembrando de “nudibranquios” los mares (pero ¡ojo!, fijándome hacia donde iba la corriente para no lanzárselos a mis compis).

Y tras la consabida disculpa a mis compañeros por no compensar adecuadamente, me dirigía al cabo para iniciar mi particular calvario de “tres pasitos p’alante y dos p’atrás”, empleando todas las técnicas y mañas escuchadas, leídas e inventadas: he bajado totalmente vertical con la cabeza arriba y con la cabeza abajo,  con el regulador puesto e incluso quitado en el momento de la maniobra de compensar, he abierto y cerrado la boca mil y una vez, he girado hacia arriba el oído perezoso, he hecho vibrar las trompas cerrando la boca y diciendo “Ohmmm”que aún cuando no me ha despejado las trompas me ha acercado al Nirvana…invariablemente hacía esperar y desesperar a mis compañeros, o en días de aguas claras, les seguía por encima hasta que poco a poco llegaba a su cota o ellos a la mía. Y siempre volvía a casa con los oídos medio taponados y aguantando picores y molestias en ellos durante bastantes días, además de una sensación inmensa de torpeza que procuraba sufrir en silencio como una fea hemorroide.

Pero queridos, al final todo esfuerzo obtiene recompensa y el que la sigue la consigue, así que de la forma más inesperada encontré la solución, que como casi siempre estaba en una mujer…os lo cuento:

Poco antes de este verano pasado y antes de una salida a la Azohia, estaba yo indolentemente asomado a una ventana de mi casa, realizando la consabida maniobra, cuando por el rabillo de mi ojo izquierdo vi pasar una preciosa joven que automáticamente hizo girar mi cabeza 90º, ¡maravilloso momento!, porque en ese punto de máximo giro se produjo un “pluk” y mi oído compensó al tiempo que contemplaba unas preciosas curvas.

Reconozco que al principio no me lo creí, pensaba que debía ser una curiosa casualidad pero no, cada vez que giraba lateralmente al límite mi cuello se producía la anhelada compensación, tanto a la izquierda como a la derecha. ¡Qué aparente tontería, pero para mí que sublime hallazgo!.

¡Por fin, podía disfrutar plenamente de las inmersiones!, y vaya que las he disfrutado desde entonces, a pesar de cierto choteo que se da cuando algún buzo se fija y me ve bajando con un misterioso tic en el cuello.

Por eso, solemnemente pido vuestro apoyo para cambiar el nombre de maniobra de VALSALVA, por la maniobra de LATIABUENA, al tiempo que animo a todos los buzos “durillos de tímpano”, a que intenten con paciencia todo tipo de maniobras y sobretodo de muecas ya que, aunque no consigan compensar amenizarán la espera del resto de compañeros.

Mi más cordial saludo a todos y mi homenaje a los sufridores con “tímpanos de madera”.


Artículo descubierto en la web de José Emilio Sánchez http://www.megustaelmar.net

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